...Toda la crisis afecta a los bancos, políticos y ricos, seguro, pero los que estamos más abajo, los recién licenciados, independizados, llegamos a esta jungla de páginas, engaños, y escasez de trabajo.
Narraré mi experiencia, porque es lo que me queda para seguir sonriendo entre tanta frustación...

sábado, 20 de marzo de 2010

Trabajar de comercial, algo encantador

En este trabajo, tan precioso, estuve un mes y medio más o menos, trabajando hasta 12 horas diarias, al jefe se le ocurrió ir también los sábados, un trabajo perfecto.

Lo mejor que tenía ese trabajo era el ambiente de trabajo, todos muy amigos, daba gusto trabajar con ellos, el marketing es lo que tiene, que nos hace a todos hablar con excesiva simpatía, amabilidad, y confianza, hasta con los que no son tus clientes.

Con respecto a cómo se avanzaba en la empresa, era algo fácil, si conseguías hacer contratos, y mantener a tus subordinados, ibas subiendo el escalafón. Claro, que tus inferiores deberían responder bien en el trabajo, y crear sus propios obreros.
Tú desarrollo dependía, en definitiva, al desarrollo de los demás, y otros crecían si tú crecías.

Después de trabajar 65 horas semanales durante un mes, y de que me quitaran el porcentaje de retención por si había alguien que se daba de baja en la compañía telefónica, cobré 330 euros.

Después de pensarlo y hacer los cálculos necesarios, descubrí que me quedaba para comer y pagar el teléfono 100 euros. Y claro, tenía que comer todos los días fuera, y llamar a los clientes que traían problemas. Con lo que no estaba ganando, estaba gastando trabajando allí. Lo dejé.

Después de dejarlo, el marketing se acabó: el jefe ya no era ese venezolano tan simpático que me contrató, los compañeros (algunos no todos), sólo vieron que había perdido la oportunidad, el trabajo de mi vida, por no haber luchado suficiente.

Hablando de la Oportunidad se llevaban todo el día, en todas esas reuniones matutinas tan divertidas, que si es la única multinacional que te da la oportunidad de ser rico, de tener empresa propia, de fabricarte la casa de tus sueños, que sólo con respirar sabe que grado de calefacción necesaria.

No digo que no se hagan ricos, pero ¿a qué precio? Prefiero ser pobre toda mi vida, pero ser rica de mente, de corazón y porqué no! de salud. Desde que me fui allí, he dejado de ponerme mala cada dos por tres, de estar fatigada, cabreada, frustrada. Puedo no ser rica, pero soy más feliz.

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